Star Wars: La Alianza Contraataca

El despertar de la fuerza oscura

Cuando Syleth abrió los ojos se sintió pletórica. Notaba como un nuevo poder la invadía, recorriendo cada célula de su cuerpo. Era un poder como no había sentido nunca antes, que le daba una fuerza imparable y le hacía exudar un aura de control y autoconfianza que era perceptible para cualquiera que la conociera y pudiera observarla ahora.

Syleth and the dark side

No le importunaba el hambre que sentía su cuerpo, fruto de los varios días que había pasado inconsciente sobre el embarrado suelo de Dagobah. Esa nueva sensación de poder absoluto que la acompañaba reforzaba su confianza y se apoderó de ella, haciendo que casi pareciera resplandecer con luz propia. Podía notar en su interior como había cambiado su relación con la fuerza, y cómo el universo al completo se abría ahora ante sus sentidos mostrándole todos sus secretos, rendido por completo ante ella y su inquebrantable voluntad. Se había producido un cambio que era irreversible e infinito, imposible de cuantificar. Tan solo ahora que Syleth era al fin uno con la fuerza podía comprenderlo de manera completa. La revelación surgió en su interior en el momento que recuperó la consciencia. Aquella prueba la había cambiado en maneras que aun le costaba comprender.

Al moverse, sintió como el barro se había pegado a su cuerpo y sus ropas, formando una costra endurecida y seca que indicaba que había estado inconsciente en el suelo varios días. A Ben no pareció importarle la suciedad, y cuando la joven hubo abierto finalmente los ojos, un gesto de alegría invadió su rostro y se apresuró a abrazarla con fuerza al tiempo que una gran preocupación de desvanecía de su ceño. En cuanto dio muestras de encontrarse recuperada, el humano apretó sus labios contra los de ella entre lágrimas. Ambos se fundieron en un largo y silencioso beso, hasta que el tiempo pareció detenerse. De alguna extraña manera, no pareció sorprenderle en absoluto que de repente Ben diera rienda suelta a sus impulsos, pese a que él siempre se había esforzado por eludir todo contacto con la Twi’lek. Ella recordaba cómo el humano había logrado controlarse durante todos esos años (excepto por la noche en que se emborrachó), y cómo había mantenido siempre la distancia entre sus labios haciendo gala de un enorme autocontrol, lo que había frustrado a la joven incontables noches.

Pero de alguna manera, las motivaciones del cansado Jedi eran ahora transparentes para ella. Ya no podía ocultarle el amor que pugnaba en su interior y que radiaba de forma evidente para sus entrenados sentidos. Ya no podía esconderse ante el poder de percibir todos los matices del amor sobre la fuerza que la joven ahora poseía. Cuando tras aquellos minutos que parecieron dilatar el tiempo en Dagobah sus labios finalmente se separaron, Syleth se levanto silenciosa, apartándose al fin del cuerpo de su maestro. No había dicho una sola palabra, pero la comprensión que se percibía en sus ojos era evidente para Ben, e hizo innecesario romper el silencio.

No sabía cuánto tiempo había pasado tumbada yaciendo sobre el húmedo terreno de Dagobah. En cuanto se hubo levantado y vio ante sus ojos la imponente figura del Halcón Milenario, lo recordó todo. Su mente trataba de recomponer a gran velocidad los acontecimientos que habían pasado instantes antes de perder la consciencia, y aquellos hechos se dilataron en su memoria como si fueran a llenar el tiempo infinito del universo. Se concentró en expulsar los vestigios de recuerdos que habían atormentado su mente en los últimos días durante la prueba, y que habían deformado su realidad hasta el punto de haber amenazado con la locura a su mente en aquel frágil estado. Poco a poco empezó a encontrar un sentido a todo aquello. Al tiempo que los fantasmas del pasado empezaban a abandonar su mente, un remanso de paz se extendía por su interior como el cálido manto del amor, y le reconfortó saber que de alguna forma, aquella sensación ya no la abandonaría nunca. La comisura de sus labios dibujo una leve sonrisa de satisfacción, casi intuida, pero que a Ben no le pasó desapercibida.

Los últimos días de lecciones con Exar Kun habían sido muy intensos. Se había concentrado en aprender a comprender su lado oscuro, siguiendo las enseñanzas del Lord Sith, y había comenzado a comportarse con una extrema frialdad hacia Ben. En su búsqueda de la objetividad de sus sentimientos, había dejado de lado al Jedi. Apenas le había dirigido la palabra desde que su destino los hubiera traído a Dagobah, y de alguna manera notaba que no había sido justa del todo con su maestro, al que aparentemente culpaba de su llegada a aquel primitivo planeta y todo lo acontecido allí.

Lo cierto es que ahora que lo veía en perspectiva, notaba como las últimas semanas habían resultado un desastre para su relación. Había llegado a un punto de frustración tal, que Syleth no había visto una salida, y había entrado en una espiral de autodestrucción. Sus sentimientos habían estado confundidos, ensombrecidos por el odio y la vergüenza. Se habían entremezclado hasta el punto que nada bueno podía esperarse de ellos.

La atracción se vio superada por el rechazo que percibía en Ben. Miedo e ira amenazaban con emerger a cada momento, causados por la falta de arrojo del humano hacia ella. Syleth se había sentido desesperada, pues no había experimentado nunca antes la indiferencia ante sus afectos, y jamás en su vida había sufrido por un amante. Por eso había buscado herirle, había querido desaparecer de su lado y no volver a verle jamás. Habían sido decisiones irracionales, fruto de las incontroladas pasiones que no había podido comprender y de una inmadurez que había estado siempre en su interior, esperando.

Recordó su última discusión en Sullust. Podía ver a la niña caprichosa que había sido, enfurecida ante la pasividad del Jedi, herida en su frágil ego despechado. Sintió como la frustración que se había ido acumulando con el paso de los años, fruto de su incapacidad para dejarse llevar por las lecciones de su maestro y de sus fracasos en conquistarle, se había convertido en ira.

Era el mismo sentimiento que la había desbordado cuando Vader había amenazado la vida de Ben, un sentimiento capaz de arrebatarle todo vestigio de control y que había abierto la puerta hacia el lado oscuro, a la parte más tenebrosa de su alma. Pero esos recuerdos parecían lejanos ahora, pues al haber alcanzado la iluminación de la fuerza, el reverso tenebroso aparecía ahora como un mero reflejo del luminoso. Ya no era un pozo de sentimientos incomprendidos, ahora era simplemente un reflejo pálido de sus pasiones, se había convertido en la otra cara de la misma moneda de su alma.

Todavía acusaba el efecto de la prueba de la verdad en su mente. Una miríada de recuerdos continuaba revoloteando en su consciencia, terminando de organizarse, ajustarse y quedar resueltos, ahora que finalmente todas las piezas del rompecabezas habían caído en su sitio. Sintió cómo el vacío que había estado en su interior desde que murieran sus padres había vuelto a llenarse. Comprendió el porqué de todos aquellos llantos amargos, en las noches solitarias de su infancia y adolescencia. Recordó con simpatía la infinidad de errores y torpezas que había llevado a cabo en su juventud, fruto de la culpabilidad y el amor fraternal que había perdido para siempre. Entendió cómo aquellas pérdidas habían hecho mella en su interior, provocando la arrogancia y el miedo al rechazo que la habían acompañado durante todos aquellos años. Ahora podía comprenderlo todo. Ya no le asustaban esos sentimientos, los había dejado atrás y sabía que ya nunca podrían volver a hacerle daño.

Cuando rememoró los acontecimientos de toda su vida, que habían pasado por su cabeza como flashes durante la dura prueba, unas lágrimas de felicidad brotaron en sus ojos. No se sintió presa de sus pasiones, como había sido hasta apenas unos días, sino que ahora lloraba por la liberación de los miedos de la niña que dejaba atrás. Lloraba cuando entendía la frustración que la había impulsado a tratar de abandonar a Ben, a desear su muerte y sufrimiento cuando realmente había sido sólo por una capa de emociones negativas que empañaban sus verdaderos sentimientos.

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SergioAchinelli Sylune

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