Star Wars: La Alianza Contraataca

Traicionada

Syleth se sentía traicionada. Molesta porque su “maestro”, equivocado, la había arrastrado por los peores rincones de toda la galaxia en una misión inútil durante tres años. Pero realmente no lamentaba tanto que su búsqueda se hubiera debido a las mentiras Jedi, pues eso les había permitido pasar tanto tiempo juntos, lo que le dolía era que cuando le habían enseñado la verdad y le habían permitido dar rienda suelta a sus pasiones, el la había vuelto a rechazar.

La primera noche no consiguió pegar ojo ni un minuto. Syleth no paraba de dar vueltas a las palabras que había dicho Ben después de que los maestros hubieran abandonado el claro tras sus lecciones, a modo de despedida:

Tenemos que retirarnos y meditar sobre esto. Le había dicho. Ante su respuesta, la joven se había dado la vuelta y se marchó colérica, sin decir una sola palabra.

Después de tanto tiempo siguiéndole incondicionalmente, los sentimientos entre ellos habían crecido sin control. Durante esos años Ben había esgrimido el argumento del celibato Jedi como excusa para rechazar sus intentos de acercamiento, pero cuando se había descubierto su error y por fin le ofrecían la posibilidad de liberar todos sus sentimientos, el humano había decidido reprimirlos de nuevo. Y marcharse a meditar.

Había deseado no volver a dirigirle la palabra nunca más, y se retiró a una esquina del campamento. Evitó toda compañía excepto la de R2-D2, que tuvo que escuchar durante largo rato toda su diatriba de quejas y reproches como un auténtico confidente. Si bien era cierto que el droide no habría podido hacer ni un solo comentario provechoso en aquella situación, Syleth apreció aquel silencio y le reconfortó la ausencia de replicas por parte de su pequeño amigo.

El torrente de sentimientos en su cabeza no le permitía descansar, y aquel extraño mundo tampoco ayudaba. La desapacible humedad, y la multitud de sonidos inquietantes en la niebla la ponían nerviosa, pero en el fondo era su lucha interior la que le impedía conciliar el sueño.

Durante horas, infinidad de recuerdos y pensamientos asolaron su mente. Mientras la oscuridad lo invadía todo, en su interior los sentimientos empezaron a cobrar sentido, ayudados por las palabras de Exar Kun. El discurso del Lord Sith le había tocado en lo más profundo. Daba respuesta a todas esas preguntas que le había hecho a Ben durante su largo viaje, respuestas que él no había podido ofrecerle.

Tenía que analizar sus sentimientos. Analizar porque estaba tan obsesionada con aquel hombre. Después de la lección que habían recibido de aquel macabro maestro Sith, no tenía claro el origen de sus pasiones, pero se sentía más segura de aquel torbellino oscuro que bullía en su interior de lo que había estado desde que empezaran a manifestarse esos poderosos sentimientos. De alguna forma, sabía que lo que le habían descubierto aquel día, era la clave para comprender lo que le sucedía, y para lograr entender sus sentimientos.

¿Era realmente amor aquello que sentía?, ¿o acaso por haber perdido a sus padres corta edad, buscaba ahora en Ben la aceptación de un padre?
¿Era por el sentimiento de poder que emanaba de la figura de Jedi?, ¿o tal vez los misterios de la fuerza y las historias sobre su padre habían sido lo que la había conducido a él?
No, sus sentimientos habían comenzado mucho antes de descubrir todos esos detalles.

Syleth in sunset small

El día comenzó a despuntar. Una luz fantasmal tiñó las nieblas que habitaban aquel mundo, y Syleth se levantó de sus embarradas mantas. Nunca había sido amante de madrugar, pero algo nuevo se había despertado en ella. Pese a no haber dormido nada, su rostro se mostraba más sereno de lo que había estado en mucho tiempo, en su ceño se adivinaba una especie de tensión liberada, que hacía que los músculos de su cara estuvieran relajados, casi como si estuviera en completa calma. Aliviada por esa paz interior, salió en busca de algo para comer. Se percató de que no había probado un bocado desde que había llegado a ese mundo, y aunque no tenía forma de saber cuánto tiempo había pasado, sus tripas le daban a entender que llevaba por lo menos un día sin tomar nada.

Recordó las palabras de Yoda cuando había menospreciado las barritas energéticas de sus provisiones, y no podía culparle. El aporte de nutrientes era muy apropiado para un piloto en el espacio, pero en los últimos años casi había olvidado a lo que sabía la comida de verdad “gracias” al Autochef del Halcón. Tenía ganas de saborear la vida de aquel planeta. Estaba ansiosa de probar sensaciones nuevas, y se alejó del campamento decidida a cazar su desayuno.

Comments

Bravísimo.

Traicionada
SergioAchinelli Sylune

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